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Loops en vez de prompts

Escrito en julio de 2026 · 3 min de lectura

Las herramientas y modelos que menciona esta nota cambian rápido; conviene leerla con su fecha en mente.

A mediados de junio una idea se instaló en cuestión de días, con nombre incluido: loop engineering. La formulación que circula es directa: deja de escribirle instrucciones a tu agente y dedícate a diseñar el bucle que se las escribe por ti. Hasta quienes construyen estas herramientas cuentan que ya casi no redactan prompts; escriben los circuitos externos que coordinan al modelo.

Llevamos unas semanas trabajando así y el término nos parece justo. Esta nota es un intento de explicar por qué, y de marcar dónde el entusiasmo necesita frenos.

Un while que ya habíamos escrito

En noviembre publicamos una nota sobre la frustración de programar con IA. Incluía un pseudocódigo: un while que reintentaba, mejorando el contexto en cada vuelta, en lugar de abandonar al segundo error. En ese momento era una forma de hablarle al lector, una imagen para decir «no te rindas».

Ocho meses después, ese while es literal. Es la pieza central de cómo se construye software con agentes:

mientras (el criterio no pasa
          y quedan intentos
          y queda presupuesto) {

  el agente trabaja
  el verificador corre        # pruebas, tipos, análisis
  el resultado vuelve al agente como contexto
}

# al salir del bucle: una persona revisa y firma

La diferencia con el bucle de noviembre está en quién lo ejecuta. En aquel, la persona mejoraba el contexto a mano en cada vuelta, y por eso frustraba. En este, el bucle mismo lo hace: el error del verificador es el contexto de la vuelta siguiente. La persona no está adentro del bucle. Lo diseñó.

Las tres piezas que el bucle exige

Un bucle serio necesita tres cosas definidas antes de arrancar. El criterio: la condición verificable que lo detiene, de la que escribimos en mayo; sin ella el bucle no sabe cuándo terminó. El presupuesto: intentos y costo máximos, porque un agente en bucle consume en horas lo que una sesión de chat consumía en semanas, y esa cuenta crece más rápido de lo que cualquiera espera la primera vez. Y el verificador: la maquinaria que decide si el trabajo pasa, sin opinión del agente en el medio.

Falta cualquiera de las tres y el bucle se vuelve otra cosa. Sin criterio, deambula. Sin presupuesto, factura. Sin verificador, amplifica: entrega errores con eficiencia industrial, cada vuelta más convencido de que va bien.

Lo que el bucle no arregla

Hay un riesgo más sutil que los tres anteriores: el bucle optimiza lo que mide. Si el criterio está mal elegido, el agente converge con toda su disciplina hacia algo que no era lo que se necesitaba. La calidad del resultado quedó atada a la calidad de la pregunta, más que nunca. Definir bien qué se quiere pasó de ser una virtud a ser el trabajo.

Ocho meses, un arco

Mirando las notas de este blog desde diciembre, el recorrido se lee de corrido: preparar el contexto, conectar las herramientas, comparar agentes, revisar más de lo que se escribe, sumar agentes al equipo, exigir criterios verificables, asumir el nuevo costo del software. El bucle junta todas las piezas en un solo lugar. No es el final de nada; es la primera forma estable que toma esta manera de trabajar.

El oficio no desapareció en el proceso. Se corrió de lugar. Alguien define el objetivo, escribe el criterio, pone el presupuesto y firma lo que sale. Ese alguien sigue siendo una persona, y las diferencias entre equipos se van a notar cada vez más ahí. Si estás armando tus propios bucles y algo de esto te resuena, escríbenos: es la conversación que más nos interesa tener este año.