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Lo que cuesta hoy una herramienta interna

Escrito en junio de 2026 · 3 min de lectura

Las herramientas y modelos que menciona esta nota cambian rápido; conviene leerla con su fecha en mente.

Hace unas semanas necesitábamos comparar dos versiones de un contenido largo, con los cambios resaltados y la posibilidad de anotar al margen. Una herramienta interna, de uso propio, sin pretensiones. En 2023 eso iba directo al fondo del backlog, donde las herramientas internas van a morir: nadie justifica días de trabajo para ahorrarse una incomodidad.

Se hizo en una tarde. Con revisión incluida, funcionando, y con la certeza de que si dentro de un mes no sirve más, se borra sin culpa.

El software descartable dejó de ser un pecado

Esa última parte es la novedad de fondo. Durante toda la historia del software, tirar código fue un pequeño duelo: costaba tanto producirlo que descartarlo se sentía como derrochar. Eso llevaba a la conducta opuesta y peor: mantener con vida herramientas que ya no servían, porque «tanto costó hacerlas».

Cuando la primera versión de casi cualquier cosa cuesta una tarde, el cálculo se invierte. Se puede construir para el problema de esta semana, usar, y borrar. Herramientas de vida corta, hechas a la medida exacta de un momento. Nos encontramos haciendo esto seguido, y todavía nos sorprende que sea razonable.

Lo que se abarató y lo que no

Conviene ser preciso, porque acá es fácil entusiasmarse de más. Lo que se abarató es el tipeo: la primera versión, el andamiaje, la pantalla que muestra los datos. Lo que no se abarató en absoluto: saber qué construir, decidir qué no construir, verificar que lo construido hace lo que debe, y responder por lo que queda corriendo.

El mantenimiento es la trampa de esta etapa. Software barato de producir sigue siendo caro de sostener si nadie lo piensa. Un equipo que multiplica herramientas alegremente acumula en un año un parque de software huérfano: cosas que alguien hizo en una tarde, que otro empezó a usar en serio, y que nadie recuerda cómo funcionan. Por eso la regla de la tarde tiene una segunda mitad: lo que se queda más de un mes recibe dueño, pruebas y documentación, o se borra. No hay tercera categoría.

La pregunta del precio, otra vez

En noviembre publicamos una nota sobre qué hacer con la ganancia de productividad: si pagar más a los equipos, si cobrar menos a los clientes. Medio año después la pregunta se agudizó, porque el costo de producir siguió bajando y el precio del software a medida quedó cada vez más lejos de sus costos de tipeo.

Lo que se paga cuando se contrata software, nos parece cada vez más claro, no es el tiempo de escritura. Es el criterio para decidir qué se construye, la verificación de que funciona, y un responsable al que reclamarle si no. Esas tres cosas no bajaron de precio. Diríamos que subieron, porque ahora sostienen mucho más volumen de software que antes.

Seguimos sin una respuesta cerrada sobre cómo se cobra todo esto; sospechamos que la industria entera la está buscando a la vez. Si del otro lado estás comprando software y la misma pregunta te da vueltas, conversemos: es un buen momento para pensar el precio de las cosas.